Virales

La historia de Omayra Sánchez, el rostro de la tragedia de Armero

Omayra Sánchez, de 13 años, vivía en el barrio Santander de Armero con sus padres, su tía y su hermano, aunque al ocurrir la tragedia su madre llevaba nueve días de viaje burocrático en Bogotá, esperando un miserable sello oficial que le retrasaba una burocracia lenta y corrupta como pocas. Por aquellos días el tiempo se había mostrado “raro, extraño”, según algunos testigos, y nadie supo o nadie quiso advertir, unos científicos lo habían hecho, pero nadie les hizo caso, que la causa era que un volcán. El Nevado del Ruiz, iba a entrar en erupción y amenazaba llevárselo todo por delante.

Omayra no pudo huir, quedó sepultada en una plancha de cemento del tejado de su propia casa, entre escombros y barro, y, cuando la intentaron sacar, descubrieron que en el fondo de aquel lodazal tenía atrapadas las piernas, y que deberían rompérselas si querían sacarla rápido. Cuentan, además, que bajo los escombros había cuerpos humanos y que la propia Omayra Sánchez llegó a asegurar que estaba pisando el cuerpo de su tía.La niña, con un poco de asombro y miedo según quienes estuvieron con ella, observaba a los socorristas, periodistas y curiosos con una inocente luz en sus ojos, y lo único que la preocupaba era su responsabilidad escolar: “Necesito que me saquen y me liberen rápido de aquí pues llevo dos días sin ir a la escuela y tal vez pierda el curso porque estoy atrasada en las tareas”. El problema era que se necesitaba una simple motobomba para succionar el agua a su alrededor cuando lograron apartar la loza de cemento que la tenía aprisionada.

¡Una simple motobomba! Desde horas antes los socorristas se la estaban pidiendo a los pilotos, pero allí en aquel caos infernal de los escombros de Armero, nadie fue capaz de llevarla.

Sola y abandonadaSola en la noche, con el miedo de la oscuridad, el susurro de llantos, lágrimas, gritos, desfiles de cadáveres, la noche que venía, sola entre tantos muertos, sola sobre los escombros de su ciudad, lo de Omayra fue una muerte anunciada y televisada. Cuentan que, cuando llegaron los reporteros, estaba agachada sobre un flotador (la cámara de un neumático) que colocaron bajo sus brazos como único recurso, sintió las voces, levantó la carita y les miró. Intentó una sonrisa. “¡Ay…!”, dijo, pero no lloró, y los periodistas afirmaron que “no nos miró con súplica, no estaba derrotada, había mucho de valentía en su mirada”. No dijo que le dolían las piernas, sino que simplemente no las podía mover.

“Tengo miedo que el agua suba y me ahogue porque yo no sé nadar, aunque soy aquí de tierra caliente”, balbuceó. En un momento apoyó su rostro sobre el neumático, como para descansar y estuvo así unos cinco minutos, después, otra vez levantó el rostro y pronunció unas frases un poco incoherentes y ya sus ojos estaban más rojos y se notaba algo de delirio. “Tengo sed”, dijo e intentó tomar un poco de aquella agua putrefacta: “Se lo impedimos y le pasamos otro vaso de agua”, recuerdan los periodistas que asistieron impotentes a su agonía.Los socorristas regresaron y se volvieron a ir, tras señalar que era imposible tratar de sacarla por la fuerza, porque eso sería destrozarla de la cintura para abajo o por lo menos perdería los pies. Dijeron que era indispensable traer la motobomba para sacar el agua y poder proceder a retirar la materia que la aprisionaba. Cuando los helicópteros pasaban sobre ella, Omayra levantaba sus ojos enrojecidos y los miraba alejarse. “Te juramos, Omayra, que vamos ya a traerte la motobomba para sacarte de aquí” le decían los socorristas para darle un poco más de tranquilidad, pero la niña les respondió: ‘Váyanse a descansar y vuelvan a sacarme”.

Entonces, las crónicas cuentan que le dieron la espalda y se fueron todos llorando, con rabia, como odiando a Dios, a los hombres y a la naturaleza. Por fin, llegó la motobomba en un helicóptero, pero funcionó de manera lenta, y a veces se obstruía por el barro; a esa hora, ya Omayra escasamente podía mantener los ojos abiertos, le habían quitado su blusita de color azul y yacía con su espalda descubierta. Hasta las cinco de la mañana había estado sufriendo delirios y cantado y contado chistes a los médicos y socorristas que la acompañaron durante la noche.Al principio de la noche, habían pasado ya tres días, estuvo todavía consciente, sosteniendo conversaciones coherentes, pero después de la una de la madrugada comenzó a delirar, cantaba canciones extrañas y un testigo relata que hacia las tres de la mañana le dijo que “ya el Señor la estaba esperando”. “Después cantó la canción de los pollitos”, recuerda el socorrista, que fue su acompañante durante tres noches de agonía y muerte.

Omayra Sánchez era fuerte, simpática, valiente y hacía sonreir entre lágrimas cuando la televisión transmitía las dramáticas imágenes, y siempre mostró una presencia de ánimo sorprendente. Estaba triste por no poder asistir al examen de matemáticas que tenía aquel 13 de noviembre, triste pero sonriente a las decenas de cámaras, todas impotentes, sin poder hacer nada. Entre ellas la de Frank Fournier, quien tomó la fotografía que todavía hoy nos anuda la garganta y nos encoge el alma. “Cuando se tomó esa foto, Omayra ya estaba agonizando, murió pocas horas después”, recuerda Fournier que la valora porque “sirvió para destacar la irresponsabilidad y falta de coraje de los políticos del país”.

 Silencio conmovedor

Estaba dentro de un gran charco, atrapada de la cintura hacia abajo por concreto y otros escombros de casas que fueron destruidas. Ya llevaba unos tres días en esa situación, estaba dolorida y muy confundida.  Había algunos helicópteros, prestados por empresas petroleras que trabajaban en las cercanías, pero nadie podía hacer nada por Omayra.

“Mamá, si me escuchas, que yo creo que sí, reza para que yo pueda caminar y esta gente me ayude. Mami, te quiere mucho mi papi, mi hermano y yo. Adiós, madre”. Fueron las últimas palabras que dijo a la cámara. Omayra no pudo más y murió junto a más de 25,000 personas en aquella fatídica catástrofe. Ella solamente tenía 13 años y le había tocado vivir en un país maravilloso que atravesaba una época maldita.

¿Ya conocías esta historia? ¿Qué opinas al respecto?

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