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La historia de Margaret y Peter, un experimento científico que se salió de control

No es tan extraño preguntarse a uno mismo hasta dónde puede llegar la relación entre un animal y un ser humano. Realmente, la respuesta nos sorprende a todos, existen casos de amor entre animales y humanos que rozan lo macabro. El caso de Margaret y Peter quizás no roce lo macabro pero sí consigue provocar curiosidad e incluso cierta grima. Ambos mantenían una relación de entrenadora y sujeto de experimentación, pero parece que el asunto no quedó ahí. Ambos se beneficiaban del trato con el otro, pasaban mucho tiempo juntos y mientras uno aprendía inglés, la otra se formaba sobre la condición de Peter.

Parece que estemos contando la historia de la relación entre una británica y un hombre peculiar, pero lo cierto es que Peter era un delfín y Margaret una mujer. Durante varios meses del año 1965, ambos convivieron como cualquier pareja. Dormían juntos, comían juntos, trabajaban y jugaban con aparente normalidad. Lo extraño es que también tuvieron ciertos escarceos sexuales, aunque todo debe contextualizarse, claro está.Detrás del experimento en el que Peter fue adiestrado estaba John Cunningham Lilly, un neurocientífico, psicoanalista, escritor y filósofo bastante “especial.” A lo largo de su carrera, investigó el cerebro con métodos poco convencionales. Uno de ellos le llevó a introducirse en el mundo de las sustancias psicodélicas, como el LSD o la ketamina, para experimentar en sí mismo acompañado de delfines o encerrado en tanques de aislamiento sensorial -que aislaban al cerebro de los estímulos.

Lilly decidió estudiar los mamíferos que contasen con grandes cerebros, concretamente, los delfines. Para ello, montó unas instalaciones en las Islas Vírgenes en las que estudiar la comunicación humana y la capacidad de los delfines para imitar los patrones del habla de los humanos y poder comunicarnos entre especies. El neurocientífico acabó afirmando que había llegado a entablar una conversación con un delfín mientras estaba experimentando dentro de en tanque de aislamiento encima de una piscina con estos animales.Margaret Howe Lovatt, por su parte, era un chica que vivía en la isla caribeña de St. Thomas y cuyo primer acercamiento a los delfines había tenido lugar a sus 20 años. A final del año 1963 su hermano le mencionó la existencia de un laboratorio secreto al este de la isla, en el que estaban trabajando con estos animales, era llamado  “Casa del Delfín.” Finalmente, ella decidió acudir a solicitar un puesto para tener contacto con delfines, y acabó de observadora y anotadora del comportamiento animal.

Margaret realizaba su trabajo a la perfección anotando datos sobre los tres delfines que se estaban estudiando: Pamela, Sissy y el travieso y joven Peter. Con el tiempo, acabó pasando a encargarse de enseñar a los delfines a reproducir sonidos y palabras sencillas del inglés. Según avanzaba en su tarea, era más consciente de que los delfines podrían llegar a aprender inglés o cualquier idioma humano si se les enseñaba durante 24 horas y no se iba a dormir a su casa como hacía el resto del equipo. Lilly había tenido anteriormente una idea parecida, así que el plan salió adelante.

El proyecto estaba en parte financiado por la NASA debido a que al profundizar en la comunicación entre especies, se generaban esperanzas a la hora de buscar vida fuera del planeta Tierra. Peter fue el delfín elegido por Margaret debido a su juventud e inexperiencia.

El equipo creó una casa para Peter y Margaret, impermeabilizó las plantas superiores del laboratorio y creó un balcón exterior que permitía a Peter nadar y a Margaret desplazarse durante el tiempo que viviese con él. Seis días a la semana, la mujer dormía en una cama flotante en la habitación, y el día restante regresaba a las piscinas de Sissy y Pamela.

Margaret comenzó a pasar sus días con Peter y a hacerlo todo juntos, además de a enseñarle constantemente a realizar sonidos humanos y pronunciar palabras sencillas en inglés. Peter, en cambio, no quería una profesora, sino una novia.

Poco a poco, Peter dejó de interesarse por el inglés y empezó a cortejar a Margaret, la cual no le correspondía. Al verse renegado, el delfin se puso violento y comenzó a golpear a la mujer, que tuvo que terminar protegiéndose con botas de goma y una escoba. Nada le servía a Peter, así que Howe consultó al equipo de investigación para que recibiese visitas de una hembra. Éste, en cambio, se negó a que el delfín pasase tiempo con su propia especie y olvidase lo aprendido.

De este modo, la mujer tuvo que satisfacer las necesidades del animal y frotarle la erección para que Peter volviese a interesarse por las clases y así tener un vínculo más estrecho. Por parte de Margaret el trato no era sexual, sino una simple forma de quitarse al animal de encima y proseguir con su misión.

Según un veterinario del laboratorio, el doctor Andy Williamson, el delfín se había enamorado locamente de la humana y a los nueve meses el experimento se paró. Varios medios comenzaron a destapar el contenido sexual del experimento dirigido por el doctor Lilly y la imagen de éste acabó deteriorándose en la comunidad científica, sobre todo después de comenzar a experimentar con drogas psicodélicas.

El experimento dejó de estar financiado y los delfines fueron traslados a Miami, donde vivían a oscuras y en pésimas condiciones. Margaret jamás volvió a ver a Peter, el cual acabó falleciendo al poco tiempo tras dejar de respirar a propósito. La tristeza por la separación acabó pudiendo con él. El experimento acabó demostrando que, efectivamente, un delfín puede reproducir ruidos que duran el mismo tiempo que las palabras humanas e incluso imitar la entonación y las inflexiones de la voz. Además, también se mostró que un humano puede satisfacer sexualmente a un delfín con la simple frotación.

Después de este curioso experimento, jamás se volvió a intentar enseñar inglés a un delfín, aunque el propio doctor Lilly continuó investigando las comunicaciones de estos animales. Por su parte, Margaret terminó racionalizando la separación y se casó con el fotógrafo que inmortalizó el experimento. Con él tuvo tres hijas, a las que no sabemos si les contó la historia, aunque suponemos que la conocerán al menos después de que la BBC crease un documental exclusivamente sobre este interesante tema.

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