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Madeleine McCann: Una desaparición imposible de resolver

El 3 de mayo de 2007 la familia McCann se encontraba de vacaciones en el Algarve portugués, exactamente en el resort Mark Warner de Praia da Luz. Aquella noche, la peor noche en la vida de Gerry y Kate, decidieron acostar a sus tres hijos (Maddie y los dos mellizos) y marcharse a cenar con unos amigos. Los niños se quedaron sin ninguna supervisión, dormidos, mientras sus padres cenaban en un bar de tapas. A las 21.30 Kate acude a la habitación para comprobar que los niños estaban bien, pero la cama de Madeleine estaba vacía. Comenzaba la pesadilla de los McCann.A las 22.00 de la noche se comunica a la Policía la desaparición de la pequeña. Hasta altas de la madrugada, agentes, personal del resort, amigos, los padres buscaron sin éxito a Maddie por todo el complejo. No había rastro de la niña. La frontera con España se selló, así como todos los aeropuertos de ambos países. La búsqueda de la pequeña Maddie, de tan sólo cuatro años, empezaba. Una búsqueda que hoy cumple una década.Todo se complicó. Las declaraciones de los padres eran tan contradictorias que junto a los rastros de sangre en la habitación y en el coche alquilado por la familia y los sedantes hallados en cabellos de la niña llevaron a que la Policía portuguesa declarara oficialmente ‘argüidos’ (presuntos implicados) a los padres de la niña.

Se analizaron decenas de escenarios, miles de fotografías en busca de algún sospechoso que estuviera fichado, se apuntó a Robert Murat, hijo de Jennifer Murat, ciudadana británica que vivía muy cerca del resort donde desapareció la niña. Fue declarado argüido también. Se registró sus coches, la construcción de la casa en la que vivía con su madre, sus ordenadores, sus móviles… Nada que sustentara su arresto. Todas las pistas conducían al mismo camino, a ninguna parte.

Mientras tanto los padres de la pequeña regresaban a Londres pese a ser sospechosos oficiales, provocando un enfrentamiento de competencias entre ambos países. La Policía británica investigaba por su cuenta con otros sospechosos y otros indicios en su mira. La Policía portuguesa hacía lo mismo con los McCann en el objetivo.Aparecía entonces el nombre de Sergey Malinka, un ruso de 22 años con el que Murat había intercambiado llamadas en las que se trataba la desaparición de Maddie. Nada concluyente. Los días fueron pasando y los palos de ciego en torno al caso eran la constante. La Policía portuguesa divulgaba información sobre un sospechoso de origen caucásico, de 1,70 metros de altura, que había sido visto por otros clientes del resort y que coincidía con la descripción del sospechoso de la desaparición en España de Sara Morales en Andalucía y Yéremi Vargas en las Islas Canarias. Tampoco llevó a ningún lado.

Los sospechosos iban y venían, las investigaciones parecían detenerse en el tiempo, no había nuevas pistas y las que había no llevaban a ningún sitio. Hasta el 13 de junio cuando pareció que el caso podía resolverse. El diario holandés ‘De Telegraaf’ recibía un mensaje con los mapas que indicaban con exactitud donde podría encontrarse el cuerpo de la niña. Los mapas señalaban una ladera cerca de Arao, a 14 kilómetros de Praia da Luz. Otra pista falsa, otro dato erróneo, otro camino sin destino. La Valeta, Bélgica, España, Marruecos, Chile, Venezuela…Los avistamientos de la pequeña se multiplicaban complicando la labor de la Policía.

Madeleine seguía sin aparecer y las pistas seguían sin llevar a algún lugar `por muy pequeño que fuera.Entre medias las sospechas sobre los padres de Madeleine iban creciendo. El hecho de haber dejado a los niños solos, sin que nadie les cuidara, los restos y rastros hallados, y la presión mediática les convirtieron en los principales sospechosos de la desaparición de su hija. Tras un interrogatorio de más de 16 horas en el que ninguno fue capaz de explicar porque había restos biológicos de su hija en el coche que alquilaron y tras considerar la muerte accidental de su hija fueron declarados sospechosos pero les pusieron en libertad. El 9 de julio, sólo tres días después, pusieron rumbo a Inglaterra.

Querían que sus otros dos hijos “tuvieran una vida normal”. Su extraño comportamiento, el uso del dinero recaudado para pagar la hipoteca, sus constantes contradicciones… No fueron pruebas suficientes. El 21 de julio de 2008 el Fiscal General de Portugal, Fernando Pinto Monteiro, decidía archivar el caso de la desaparición y exoneraba a Gerry y Kate de su implicación al no haber evidencias suficientes. Los McCann siguieron manteniendo vivo el recuerdo de su hija y una investigación cerrada en el país de origen.

Siempre han atendido a la prensa, han concedido entrevista, han viajado a donde los indicios les llevaban, crearon una fundación que en principio se dedicaría a buscar a su hija, pero que luego sirvió para pagar su casa. Desde que el caso fuera archivado hasta hoy Madeleine no ha caído en el olvido. Sus padres han seguido dando ruedas de prensa para mantener el caso en la memoria de la opinión pública. Han contratado detectives privados y los que participaron en los inicios de la investigación lo han convertido en algo personal, su talón de Aquiles.

En 2011 Scotland Yard reabrió el caso y dedicó 30 detectives y millones de libras a seguir investigando el caso. Los últimos datos, de hecho, provienen del comisario que estuvo al frente de la investigación desde el principio y que fue retirado del caso por declarar a la prensa lusa que Maddie había sido asesinada y que los padres de la niña y la Policía británica lo habían ocultado. Gonçalo Amaral escribió un libro en el que acusaba directamente a los padres. Afirmaba que Gerry y Kate la habían matado y se habían deshecho del cuerpo. El libro levantó muchas heridas entre los investigadores. En una entrevista a la televisión lusa Amaral ha insistido en que los padres quemaron el cuerpo de la pequeña en una iglesia cercana al resort.

“Tres personas ingresaron a la iglesia por una puerta lateral en la noche. Tenían una caja y se realizó una cremación de una mujer británica. Es posible que los restos de la niña hayan estado en la caja y también hayan sido cremados”, ha reiterado. Amaral ya fue investigado por difamación y condenado a pagar 500.000 euros a la familia por difamación. Los McCann lo van a recurrir, mientras Maddie sigue sin aparecer.La última pista ha involucrado a la niñera que trabajaba en el resort y que cuidó a los niños durante las vacaciones.Tras mantener el silencio durante esta década, lo acabó rompiéndolo para ‘The Mirror’. La niñera aseguró en la entrevistarla que la Policía tardó más de una hora en llegar al apartamento la noche de la desaparición. Que Kate no paraba de decir que se la habían llevado y que Gerry “estaba muy angustiado”.

La niñera lo tiene claro: “Ellos no fueron”. Ni los McCann, ni los primeros sospechosos, ni las decenas de llamadas asegurando haber visto a Maddie por medio mundo, ni las miles de pistas, ni los indicios, ni los investigadores… 10 años después la desaparición de Madeleine McCann sigue siendo una desaparición imposible de resolver.

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Fuente: El mundo

 

One Comment

  1. Es tarde para llorar sobre la leche derramada pero…nunca debieron dejar solas a 3 pequeñas criaturas, totalmente irresponsables como padres. Solo Dios sabe que pasó realmente, esté donde esté Madeleine…ojalá que esté bien.

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